Reflexión sobre las humanidades digitales y la Digital Humanities: ¿Dos caras de la misma moneda?

María Fernanda Guerrero Mateus
200840016
Humanidades Digitales
Profesor: Jaime Alberto Borja
Universidad de los Andes
3 de septiembre de 2017

 

Reflexión sobre las humanidades digitales y la Digital Humanities:

¿Dos caras de la misma moneda?

Las humanidades digitales (Sur) son un campo emergente que apenas comienza a ser visible en los países en vía de desarrollo ( México, Argentina, Perú, Colombia, etc.) y que comparativamen- te con el largo recorrido de la Digital Humanities (Norte), en los países desarrollados ( E.E.U.U y Europa), requieren un gran esfuerzo de alfabetización (o evangelización) y de recursos orien- tados a la investigación humanista. Por el contrario, el desarrollo de la -DH- se ha impulsado y consolidado el gracias a los esfuerzos de financiación estatal y de organizaciones privadas que han permitido que las universidades y centros de investigación privilegien el componente digital para originar proyectos multidisciplinarios con propósito innovador.

De otra parte, si bien la expresión inglesa Digital Humanities es la más usada y el cono- cimiento producido por investigadores es mucho más difundido y preferido que las humanidades digitales, existe una clara diferenciación con la HD. En efecto, en la práctica se detecta, a partir de las traducciones del inglés al español, del inglés al francés y del inglés al italiano, un uso in- distinto de las dos expresiones, pero que en la realidad muestra que se trata de dos tópicos diferentes con finalidad ontológica y epistemologica distintas y no excluyentes. En mi concepto, cuando se habla de -DH- predomina lo digital, es decir, lo abstracto, lo exacto; mientras que en la HD predomina lo humano, tal como concluye Gimena del Río Riande ( 2015, p. 18) cuando manifiesta (en español):

Creo que las Humanidades Digitales pueden colaborar en nuestra comprensión de la actividad de investigación humanística desde un lugar más claramente definido para nuestra sociedad, ayudadas por la precisión que otorgan las máquinas operadas por humanos. Pueden también abrirnos a espacios de trabajo que los humanistas hasta el momento considerábamos impensables. Y asimismo nos lleva a preguntarnos por la esencia de las humanidades, acercándose a los intereses de las ciencias sociales. Esta voluntad de redefinición reconcilia a las humanidades con la ciencia, pero lo que es más importante, nos quita de la especificidad de las disciplinas y nos pone en un compromiso de diálogo a todos los humanistas. Juzgo esa es su verdadera victoria.

Teniendo en cuenta lo anterior, considero que la neutralidad tecnológica y convergencia permite que tanto modelos DH como HD se integren para brindar una visión ecléptica o alterna- tiva que haga prevalecer el conocimiento como bien común y en el que la identidad digital, el acceso y la democracia permitan dar el paso hacia una nueva civilidad digital. La idea utilitaria que predomina actualmente va en contra via de la diversidad que tiene que ver con la creatividad, que es una condición previa para las humanidades. Con razón Martha Nussbaum ( 2010) llama la atención sobre el grado en que el estudio de las humanidades está siendo abandonado en benefi- cio de aprendizajes más directamente vinculados con las actividades económicas. Parece ser que frente a ambas tendencias no cabe sino aspirar al multilinguismo para preservar la diversidad lin- güística en la investigación en humanidades.

Por ello las humanidades digitales en el mundo hispanoparlante no requieren imitar las prácticas y trayectorias del campo en Europa y Estados Unidos. Pueden, en cambio, tenerlas como referente para enriquecerlas y para enriquecer su propia experiencia con una mirada inte- grativa que respete los avances propios de cada cultura en un contexto global. Lo importante, y en ello coincido con Fiormonte (2010), está en no traicionar el espíritu de compartir el conoci- miento, considerado un bien público, y aumentar las oportunidades de acceso sin crear condicio- nes de monopolio o mecanismos de explotación debido al cierre de espacios por los más fuer- tes.Una visión pluralista, amplia e integrativa que esté más acorde con el contexto y el tiempo en que se vive es ciertamente la función de ambos campos.

Finalmente, los cambios que pueden contribuir a impulsar las humanidades digitales en el mundo hispanoparlante son ciertamente de naturaleza cultural, institucional y de politica pública, como bien fue debatido en el pasado agosto en el Digital Humanities 2017 en Montreal. Pero quizás el cambio más importante, en mi opinión, está en comprender conscientemente que las HD se encuentran en su tierna infancia y que a pesar de sus promesas tenemos que ser realistas frente a las limitaciones que pueden impedir su desarrollo. Lo cierto es que HD no es la cultura del futuro, es nuestro presente. De otra parte, la DH y las HD son las caras de la misma moneda que representa al mismo tiempo el centro y le periferia; pero, que en fina interpretación, el centro es “es una isla, centrada sobre si y en su propio aislamiento” y en la periferia “es el límite, una línea de demarcación, pero es también el lugar de resurrección y rescate” (Bauman, 2016, p.8).

 

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