¿Tiene sentido imaginarse un modelo de inteligencia artificial para mejorar el proceso de selección de tutelas en la Corte Constitucional?

María Fernanda Guerrero Mateus
200840016
Humanidades Digitales
Profesor: Catalina Holguín
Universidad de los Andes
15 de octubre de 2017

¿Tiene sentido imaginarse un modelo de inteligencia artificial para mejorar el proceso de selección de tutelas en la Corte Constitucional?

En este ensayo me ocuparé de presentar un estado del arte de la inteligencia artificial -IA- aplicada al derecho y a la justicia, vista desde las humanidades digitales. Con este propósito, expondré las razones por las cuales considero que el estado actual de la IA, como producto del devenir cultural y socio técnico, favorece el desarrollo por integración de los nuevos usos y aplicaciones de la IA lo que mejoraría sustancialmente la capacidad de memoria, el procesamiento de la información y el aprendizaje, lo cual hace factible imaginar su aplicación para simular un comportamiento judicial que mejore el proceso de selección de las tutelas por parte de la Corte constitucional.

Para comenzar, es importante considerar que el contexto en el que se debaten y reflexionan los grandes temas en torno a la IA y el derecho corresponde a dos grandes ámbitos de estudio tecnológico. El primer lugar la IA como herramienta aplicable al razonamiento jurídico, para apoyar la toma de decisiones de los jueces al momento de fallar; y, en segundo lugar la IA como objeto de estudio del derecho para facilitar la comprensión de su complejidad, lo que supone el análisis de los riesgos que deben ser resueltos por el mismo derecho, como entidad que ordena el comportamiento en la sociedad. Estos dos ámbitos se integran en lo que se ha llamado la informática jurídica aplicada a la documentación jurídica (legislación, jurisprudencia y doctrina), a la gestión de los procesos judiciales ( despachos judiciales u oficinas de profesionales del derecho) y a la toma de decisiones por parte de un juez. Este valor instrumental se complementa con el surgimiento del derecho informático como saber interdisciplinar que comprende, además, las comunicaciones electrónicas, internet y ciberespacio.

Ahora bien, del uso de las computadoras en el mundo jurídico se comenzó a hablar cuando nació la cibernética de Norbert Wiener (1948) y la giurimetria de Lee Loevinger (1949). A partir de allí que se definieron, por primera vez, los problemas jurídicos que conlleva el uso de los ordenadores al quehacer jurídico. Posteriormente, a mediados de los 60, Loevinger y Hans Baade realizaron conjuntamente la primera sistematización teórica de la Jurimetrics y determinaron que el uso de la informática por el derecho se da cuando: se aplican modelos lógicos a normas jurídicas, se utiliza la computación en la actividad judicial y se emplea la informática predictiva para la construcción de las futuras sentencias judiciales. Todo el aporte de la Jurimetrics, originaria del Common Law, fortaleció el principio fundamental del derecho angloamericano del precedente jurisprudencial y definió toda una cultura jurídica que años más tarde cimentaría las bases empíricas del uso de la tecnología informática a la información, la documentación y los procedimientos legales.

De otra parte, la tendencia así concebida para el sistema jurídico anglosajón tuvo eco en el Civil Law con la giuscibernetica, ideada en 1968 por el filósofo italiano Mario G. Losano, que estaba basada en cuatro aspectos prácticos, derivados de la sociología y filosofía del derecho, a saber: 1) el derecho como un subsistema respecto al sistema social;

2) el derecho como un sector separado del resto de la sociedad; 3) la aplicación de la lógica y otras técnicas de formalización del derecho a fin de lograr un concreto uso del computador y 4) el uso del procesador en el aprendizaje de las técnicas necesarias para poder usarlo en el ámbito jurídico. Su aporte, más allá de lo técnico, proporcionó la explicación de la interacción entre reglas jurídicas y realidad social, acogida con el tiempo por el derecho latinoamericano y de manera particular por el sistema legal colombiano.

A grandes rasgos se puede decir que para llegar al estado actual de la IA tuvimos que ganar con creces un espacio para una disciplina que comparte la misma naturaleza “artificial” del derecho. En una primera etapa (1948-1970) la IA fue considerada una herramienta sobre la cual se reflexionaba acerca de la singularidad del pensamiento humano. En una segunda etapa (1989-2000) la IA comenzó a utilizar el modelo cognitivo humano dando origen no solamente a cuestiones prácticas sino, también, morales y éticas. Sus desarrollos estuvieron enfocados a la construcción de sistemas expertos que aunque incipientes mantuvieron el interés de los científicos sociales en el estudio de sistemas legales experimentales, interpretación legal e heurística, modelos de razonamiento legal, métodos basados en lógica, etc. La tendencia en esa época, de la cual todavía están vigentes algunos postulados, consistió en que el derecho era un terreno propicio para la IA en razón a que el derecho examina su propio raciocinio, razona de acuerdo con los casos semejantes que deben decidirse de forma similar y cuenta con conocimientos fácilmente accesibles al encontrarse estructurados y codificados. (Rissland, E. L. ( 1989).

En una tercera etapa, que parte desde el cambio del Milenio (2000) y hasta la actualidad, la IA amplia sus capacidades por la evolución de las herramientas y las redes de comunicación mejorado así su capacidad de almacenamiento, procesamiento de información y aprendizaje (Big Data, Open Data, Maching learning, internet de las cosas, blockchain, nanotecnología, biotecnología, realidad aumentada, etc.). La combinación de todo lo anterior da como resultado lo que hoy se conoce como la Cuarta revolución industrial. Así lo verdaderamente importante, en los actuales momentos, radica en los siguientes aspectos: i) el derecho continúa siendo un terreno atractivo para IA y los viejos y nuevos problemas que de ello se derivan originan nuevas narrativas que plantean una nueva antropología – la del homo dignus- (Rodotà, 2011); ii) lo fundamental no radica en el algoritmo sino en la persona que lo ejecuta en una u otra dirección; iii) frente a la IA impera la imaginación tecnológica que usa la ciencia y la tecnología con la imaginación ordenadora, integradora y autorizadora de la ley. Al respecto, Sheila Jasanoff, sostiene que “se hace imprescindible reconocer que la ciencia y la tecnología -por todo su poder de  crear, preservar y destruir- no son los únicos motores de la innovación en el mundo. Otras instituciones sociales, también, innovan y pueden desempeñar un papel invalorable en el reajuste de los objetivos de la ciencia y la tecnología con los de las sociedades humanas culturalmente dispares. Y, la primera de ellas es la ley. Por ello, hay que reintegrar la imaginación disecada, desintegradora y, en última instancia, antidemocrática de la ciencia y tecnología con la imaginación ordenadora, integradora y autorizadora de la ley”. (La traducción es mía) y, finalmente hay que llegar a establecer los límites en el uso de la IA que la hagan sostenible y coherente con el principio (16 de Naciones Unidas) de paz, justicia e instituciones sólidas.

Resulta pertinente en este momento considerar, para también complementar lo ya dicho por Pierre Lévy sobre Cibercultura (2007), el informe del Parlamento Europeo (2017) sobre las iniciativas de IA cuando advierte que: “…el aprendizaje automático ofrece enormes ventajas económicas e innovadoras para la sociedad mejorando notoriamente la capacidad de análisis de los datos e impone al mismo tiempo retos vinculados con la necesidad de garantizar la no discriminación, el debido proceso, la transparencia y la comprensibilidad de los procesos decisionales automatizados y algoritmos que, sin duda, tienen un impacto sobre los individuos y las empresas así como sobre las autoridades administrativas y judiciales o por cualquier otro ente público a fin de representar las decisiones para lo cual se deben tener en cuenta medidas en su diseño que salvaguarden la seguridad, los datos personales y la posibilidad de control humano que deben integrarse en esos procesos decisionales y algorítmicos. (Resolución del 16 febrero 2017. Recomendaciones concernientes a los derechos civiles sobre la robótica).

Teniendo en cuenta lo anterior considero que tiene sentido imaginar que la IA puede mejorar el proceso de selección de tutelas, que es el recurso judicial efectivo más utilizado por los colombianos, para defender sus derechos fundamentales, en el evento de que sean violados o no reconocidos. Un propósito en ese sentido contribuiría a crear una utopía necesaria para tomar conciencia de los problemas que en la práctica se originan por el comportamiento judicial de jueces y funcionarios judiciales por la presencia de sesgos, errores, desconocimiento, preferencias políticas e ideológicas etc.. Se suma a ello el inadecuado procesamiento de la información usualmente compleja de los casos llevados a un juez de tutela y a la Corte Constitucional (casos fáciles, difíciles, reiterado y por explorar) y la ausencia de una política de memoria y gestión del patrimonio documental (expedientes judiciales) de una institución que como la tutela está consagrada constitucionalmente y tiene sus antecedentes en el recurso judicial de amparo que originó el nacimiento de un nuevo derecho, consagrado en la Declaración Universal de los derechos humanos (art. 8).

Por ello la cultura jurídica en la sociedad digital se abre a nuevos desafíos que implican que se deberá comprender la IA como la moneda de dos caras que está en capacidad de contribuir a mejorar la vida en el planeta; pero, que igualmente supone un impacto en la sociedad que el derecho deberá asumir. Para el año 2020 se pronostica que la máquina sustituirá al hombre en actividades que antes sólo él podía hacer; sin embargo, aunque está cerca esa posibilidad, todavía se mantiene la idea de que existen ciertas tareas que solamente pueden ser realizadas por los humanos. La gran diferencia, con las etapas anteriores, radica en que la IA está hoy en capacidad de aprender a partir del lenguaje natural y sus efectos en lo jurídico (lo económico, político y social) esperan ser resueltos. De este breve esbozo concluyo que el estado del arte de la IA se explica por un salto (diacrónico) de la ficción a la realidad, que a lo largo de 50 años de evolución de la ciencia, la técnica y la cultura se logró alcanzar. Igualmente, los actuales desarrollos de IA (o tecnología cognitiva como también se le llama), en distintos ámbitos de la vida, incluido el derecho y la justicia, evidencian potentes beneficios que, también, van acompañados de los riesgos y dilemas éticos que deberán resolverse. Por ello considero que resulta por ahora inoficioso preguntar si ¿el juez será reemplazado por un robot? y si la profesión del abogado ha llegado a su fin? Los verdaderos interrogantes, por lo menos los más prometedores, están en otra onda: ¿cómo podemos establecer los límites y responsabilidades a los sistemas de IA? (los robots como personas electrónicas, la robotización del trabajo, etc. ) y ¿cómo podemos rediseñar otras formas de cómo trabajar y de cómo aprender para poder dar solución a los retos que hoy la tecnología impone? El gran beneficio que en mi concepto reportaría la realización de un proyecto de IA, para apoyar la labor de la Corte, sería la de lograr mayor transparencia en el acceso a la justicia; pero no cabe duda de que los desarrollos futuros de la IA dependen en gran medida de la formación de los abogados, que vean la innovación como una virtud, que aprecien la posibilidad de la creatividad como una fuente inagotada de respuestas a los viejos y nuevos problemas que impone el mundo actual al derecho (Pascuzzi, G. 2015) y re-signifiquen lo que el conocido tratadista de derecho procesal Piero Calamandrei decía “los juristas no pueden permitirse el lujo de la fantasía”. El siguiente paso será una IA que junto a un desarrollo de la humanidad digital se constituya en una vía liberadora para el ejercicio de los derechos humanos en una sociedad de la información cada vez más compleja y desigual. Lo cierto es que su advenimiento por el cambio acelerado de la ciencia y la tecnología generará sin duda las mayores transformaciones que apenas alcanzamos a imaginar.

Referencias

 

Rissland, E.L. (1989). Inteligencia artificial y razonamiento legal. Derecho y tecnología informática. Bogotá, 9-29.

Jasanoff, S. Sang-Hyun Kim, Sperling, S. (2007). Sociotechnical Imaginaries and Science and Technology Policy: A Cross-National Comparison.

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